No comenzaré narrando lo que me sucedió, no narraré lo que me hizo renacer, ni mucho menos compartiré el sentimiento que surgió dentro, ese que por si solo se cultivó aquella noche y creciendo a fotosíntesis con la luz de luna y las cuerdas graves del contrabajo.
No quiero compartir si lloré o reír porque ni yo misma lo recuerdo pues pareciera que todo fue al mismo tiempo, ahora no sé si me atreva a verte de nuevo a los ojos porque esos ojos, esos ojos ardientes con un poco de brillo, estos gritaban libertad y retumbaba dentro de mi, ese algo salió y me hacía gritar y callar, nadie lo podrá imaginar.
Hoy siento tus manos en mi cabello, aún siento tus navajas en mi piel, yo tan tonta y tú tan sereno. Iba acercándome a tu boca y jugando con lo más puro que me regía hasta ese día; la dignidad.
Me volviste santa y puta en un beso con estrujado movimiento perdí el equilibrio, no caí, cayeron mis instintos en el fulgor de una estrella pasar. Debo decirlo que aún lo siento.
¿Que me olvide de todo esto? ¡Por amor a dios! claro que no lo haría pues si el mundo nació para ser feliz, ese día el mundo nació en mi. Nacieron flores, locomotoras, la antimateria al igual que todo aquello que no se ve a simple vista, como lo es "El estar vivo" lo he definido y si la gente dudara que me escuchen al menos cómo le narro de tus manos en las mías y volverán a nacer como yo lo hice.


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